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Los endemoniados quieren entrar al Tercer Sector

  • Casos emblemáticos el de Francisco Mendoza Alvear, removido como Tesorero Municipal e Ilse Zamora Rojas, pseudo licenciada sin estudios formales.

El Tercer Sector está bajo asedio. No por falta de recursos, de causas o voluntades. Sino por algo más corrosivo: la llegada de perfiles expulsados de otros ámbitos que ven en las organizaciones civiles un refugio para opera sin controles, ética ni consecuencias.

Los endemoniados —sí, así hay que nombrarlos— están tocando la puerta. Y algunos ya entraron.

En los últimos años, el Tercer Sector comenzó a recibir un flujo inquietante de exfuncionarios cesados por irregularidades, despedidos por negligencia, removidos por corrupción menor o mayor, desplazados por conflictos internos y reubicados por “pérdida de confianza”.

Cuando el gobierno los expulsa, muchos buscan “reinventarse” como gestores comunitarios, consultores sociales, expertos en incidencia, operadores de campo o procuradores de fondos.

No llegan por vocación. Llegan por necesidad. Llegan porque el Tercer Sector parece un territorio sin filtros.

Los rechazados de la iniciativa privada también llegan. El fenómeno se duplica con perfiles que no lograron insertarse en la iniciativa privada: sin estudios formales, sin competencias técnicas, sin experiencia verificable, sin ética laboral consistente ni capacidad de sostener un empleo regulado.

Para ellos, las organizaciones civiles son la última frontera: un espacio donde creen que basta con “tener contactos”, “saber moverse” o “prometer recursos”. Llegan sin preparación, sin método y sin escrúpulos.

El riesgo: la infiltración de la simulación. Cuando estos perfiles entran al Tercer Sector, replican las mismas prácticas que los expulsaron: opacidad, manipulación, promesas vacías, proyectos inflados, informes maquillados, relaciones públicas sin ética, manejo inadecuado de recursos, simulación de impacto.

La simulación es su oficio. La causa es solo el disfraz. Y una sola simulación puede destruir años de trabajo comunitario.

El Tercer Sector es vulnerable porque confía demasiado

Las organizaciones civiles tienen tres debilidades estructurales:

  • Confían en la buena fe. Y la buena fe no es un filtro.
  • Necesitan recursos. Y cuando alguien promete “traer dinero”, se le abre la puerta sin revisar su historial.
  • Carecen de procesos de reclutamiento profesional. No hay verificación de antecedentes, no hay filtros éticos, no hay evaluación técnica.

Los endemoniados lo saben. Por eso vienen.

El daño es profundo: destruyen reputación, credibilidad y futuro. Cuando un perfil expulsado de otros sectores entra a una AC, el daño no es solo interno. Afecta la confianza de donantes, la relación con comunidades, la percepción pública, la posibilidad de acceder a fondos nacionales e internacionales, la legitimidad de la causa.

Una mala práctica puede cerrar puertas durante años. Y en el Tercer Sector, la reputación es más valiosa que el dinero.

La solución es dura, pero necesaria. El Tercer Sector debe blindarse. No con discursos, sino con mecanismos: Verificación de antecedentes, filtros éticos estrictos, contratos con cláusulas de desempeño, procesos de reclutamiento profesional, evaluación periódica y capacitación obligatoria

El Tercer Sector no puede convertirse en el basurero laboral de quienes fueron expulsados de otros ámbitos. Debe ser un espacio de excelencia ética, técnica y comunitaria.

Los endemoniados quieren entrar al Tercer Sector. Si los dejamos pasar, no solo destruyen una organización: destruyen una causa. Y las causas no se pueden permitir la corrupción de la simulación.

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