Susana Sánchez Segura
La maternidad y la paternidad cambian de edad, pero no de deseo. Cada vez más parejas mexicanas retrasan la llegada de los hijos por razones económicas, profesionales y personales, mientras la infertilidad representa un desafío médico y emocional que requiere atención integral.
Pero cuando el momento elegido para tener hijos finalmente llega y el embarazo no ocurre, la expectativa puede convertirse en incertidumbre, frustración y desgaste emocional. La infertilidad no representa únicamente un desafío médico, también puede impactar la autoestima, la salud mental, la relación de pareja y la calidad de vida.
Datos del INEGI muestran un cambio sostenido en la edad a la que las mujeres tienen a sus hijos. Mientras que décadas atrás era más frecuente que el primer nacimiento ocurriera antes de los 25 años, actualmente la maternidad se concentra en edades mayores, con un número creciente de mujeres que tienen a su primer hijo después de los 30 años.
Este cambio responde a una transformación social más amplia. Las parejas buscan primero consolidar su situación económica, desarrollar una carrera profesional, viajar, adquirir una vivienda o simplemente encontrar el momento que consideran adecuado para formar una familia.
Sin embargo, la edad es uno de los factores que pueden influir en la fertilidad, particularmente en las mujeres, por lo que la planificación reproductiva también requiere información médica oportuna.
La infertilidad se define como la imposibilidad de lograr un embarazo después de 12 meses de relaciones sexuales regulares sin anticonceptivos. En mujeres mayores de 35 años, se recomienda realizar una evaluación después de seis meses de intentarlo sin éxito.
En México, alrededor de 1.5 millones de parejas en edad reproductiva enfrentan problemas de infertilidad, de acuerdo con cifras atribuidas al Instituto Nacional de Perinatología. La magnitud del problema evidencia que no se trata de una situación aislada, sino de una condición que afecta a un número importante de familias.
El diagnóstico, además, puede representar un punto de inflexión. Las consultas médicas, estudios, tratamientos y la incertidumbre sobre los resultados pueden generar un proceso emocional complejo para ambos integrantes de la pareja.
Ansiedad, tristeza, frustración, baja autoestima e incluso síntomas depresivos pueden aparecer durante el proceso de diagnóstico y tratamiento. A esto pueden sumarse la presión familiar, los comentarios del entorno y la sensación de que el proyecto de vida se está retrasando o alejando.
“Cuando una persona o una pareja enfrenta dificultades para tener un bebé, no solo recibe información médica. También puede experimentar un duelo por las expectativas que había construido alrededor de la maternidad, la paternidad y su proyecto de vida. Por ello, es importante acompañar cada etapa con empatía, validando las emociones y ofreciendo herramientas para afrontar el proceso“, señala la Psicóloga Roxana Reyes, de la Unidad de Salud Emocional Ingenes.
La evidencia científica también ha documentado una relación entre infertilidad y afectaciones a la salud mental. Por ello, el acompañamiento psicológico puede ser un componente importante del abordaje integral, junto con la evaluación y atención médica especializada.
El cambio en la edad para formar una familia plantea una conversación que va más allá de cuándo tener hijos. También implica hablar de salud reproductiva, planificación, fertilidad y bienestar emocional.
Tener información sobre los factores que pueden influir en la fertilidad permite tomar decisiones con mayor conocimiento y, cuando existen dificultades para lograr un embarazo, buscar atención especializada sin esperar a que el desgaste emocional se vuelva mayor.
La maternidad y la paternidad están cambiando, pero el deseo de formar una familia permanece. En este nuevo escenario, acompañar a quienes enfrentan dificultades reproductivas significa ofrecer algo más que alternativas médicas, implica escuchar, informar, atender las emociones y respetar las decisiones de cada persona y cada pareja.
Porque hablar de infertilidad también es hablar de salud, de expectativas y de proyectos de vida que merecen ser acompañados con ciencia, empatía y sin juicios.
